sábado, 5 de septiembre de 2009

Arte y ciudad, formas contemporaneas de creación artistica en el espacio publico.




Francis Alÿs, artista que hace de sus recorridos por la ciudad una nueva forma de expresión artística me permite recordar la presencia consta
nte, en la historia de la humanidad, de esos personajes, muchas veces incomprendidos y medio locos que hacen de su vida un peregrinaje, un mensaje, una palabra siempre elocuente, una vida de ausencia que se convierte en presencia interpelante me refiero a personas como Apolonio de Tiana que llevó una vida errante y solitaria en el silgo I d.C. o Simeón de Antioquia del silgo V, que práctico formas extremas de ascetismo, un tiempo como peregrino otro como estilita.


La fisonomía de Francis Alÿs nos hace percibirl
o como una persona de trato y costumbres sencillas y abiertas, un ser silencioso que observan todo con aparente indiferencia pero que en el interior sostienen un intenso dialogo. Es un hombre alto, desgarbado, muy delgado, casi etéreo tal como la iconografía de aquellos hombres y mujeres de los manuscritos bizantinos del siglo X y XII o de las pinturas murales de los siglos XII en Chipre. Estos hombres que en diferen
tes épocas de la historia de la humanidad se han sentían extraños en el medio en que vivían considerándose siempre de paso.

Francis Alÿs nació en Bélgica en 1959, desde 1987 vive en México una de la ciudades más caóticas del mundo, eligió esta ciudad, que bien podría ser el escenario paradigmático de la civilización urbana contemporánea para convertirlo en un taller a cielo abierto, una enorme museo nómada donde exponer sus producci
ones.
La producción artística de Alÿs abarca videos, instalaciones y pintura, una pintura figurativa simple de contenidos narrativos y de fácil lectura. Sin embargo de entre sus producciones “los recorridos” han calado en la conciencia del mundo del arte, como símbolo de aquellos que expresa transitoriedad a toda situación, desapego interior con respecto al presente, tal como lo harían los antiguos peregrinos.

Lejos de la mente de Francis Alÿs esta la idea de expiación o purificación pero si posee la manera de identificarse sin asimilarse, en las sociedades que visita. Recordemos el perro metálico con imán de 1991, el recipiente de b
arniz deslizándose por la calles de San Paolo en 1995, o el bloque de hielo en la ciudad de México en 1997. En la Bienal de Venecia, el artista hizo pasear a un pavo vivo por todos los lugares de la exposición, como emisario simbólico del artista. Los “recorridos” se convierten en anécdotas inscritas en la realidad del viaje diario, pero un viaje no hecho por todos, una viaje de un paseante especial que vive en el mundo urbano y social sin diluirse en él.

De estos paseos nos queda la experiencia, las fotografías que los mismos transeúntes le tomaron, los apuntes del artista, las persona
s que encontró en su camino y los artículos que se publicaron en los periódicos. Algo muy interesante de estos paseos es que, el racionalismo mas riguroso convive armónicamente con la imaginación mas desenfrenada. Son viajes hechos sin meta de ninguna especie más bien, con la intuición de que estos paseos preparan para otra nueva iluminación y poseen la recompensa de un nuevo camino por recorrer. El concepto de experiencia original desaparece completamente y así toda posibilidad de conocimiento objetivo. Solo resta este mundo hecho de líneas abiertas, donde el destino final solo es principio de un nuevo camino.


Desde 2002, en la Tercera Bienal de Lima el artista a apostado por incluir voluntarios, cadenas humanas, procesiones contemporáneas, porque a mi juicio la experiencia de peregrinaje siempre será inmensamente rica para el ser humano.





Bibliografía:

La espiritualidad del oriente cristiano, Tomas Spidlik, Monte Carmelo. 564 p.
Chevalier Jean, Diccionario de los símbolos, Herder. (peregrino), p. 812


Fragmento del ensayo “Actos Primarios: el cuerpo, el dibujo, la deriva. De Silvia Diehl, enero 2007

En otros yacimientos, más recientes, apenas 60 millones de años, unas suaves ondulaciones marcadas en la piedra conservan la huella del paso de las olas. Toda clase de criaturas, hoy extinguidas han registrado allí sus
desplazamientos con signos, que aún hoy nos es posible interpretar: el gusano que se hunde en su agujero, la estrella de mar que se arrastra sobre la arena caminando apresuradamente hacia el mar…todo esta allí grabado. Incluso puede leerse en la roca esculpida la dirección del viento con su soplo .
Jaques a. Maudiutñ

El errabundeo, ir a la deriva.

Desde el inicio de los tiempos el hombre ha
errado por el mundo en busca de sentido.

Fracesco Careri dice que “La historia de la humanidad es la historia del andar”.

En el eterno errar el hombre y el territorio
se fueron transformando mutuamente.

La naturaleza, los animales, los cielos, fueron los primeros maestros. Y los sentidos, …tal vez los instrumentos para conocer el mundo.
A través de errar por el mundo, de entregarse con el cuerpo, el hombre fue construyendo su mundo simbólico.
Entonces, el arte estaba integrado a la vida.

Errar, ir a la deriva, son también metáforas de nuestro propio viaje interior; nos lleva a la idea de perder el control, de la experiencia, del encuentro con el azar y con el inconsciente.

La necesidad interior

Vassily Kandinsky, en su libro “Sobre lo espiritual en el arte”, dice que lo que guía al artista es su necesidad interior. Tal vez podemos ampliar el concepto y decir que la necesidad interior es lo que nos guía a los seres humanos.

La cuestión es ¿Que es, donde habita, c
omo reconocemos la necesidad interior?

El lenguaje, los soportes, las imágenes externas, varían y se transforman de acuerdo a su tiempo, (como también decía Kandinsky (vi) en 1910).

Si nos situamos frente al abanico de posibilidades que se presentan en las prácticas artísticas, y en las búsquedas personales, donde las fronteras de pertenencias se van disolviendo, el encuentro con nosotros mismos sea e
l camino posible para reconocer aquello que hacemos.

El encuentro con actos primarios, con el perderse e ir a la deriva, con el dibujo y la repetición de gestos, con los sonidos, el movimiento, y la conexión con el cuerpo y los sentidos, nos puede dar la posibilidad de vincularnos con nuestra propia necesidad como indiv
iduos, como artistas.

El instante
Confiar

Entregar

Dejar que suceda

Si confiamos en nuestros sentido
s, en nuestros instintos, en nuestras percepciones, podemos intentar no delegar nuestra salud, nuestra educación, nuestras acciones artísticas.






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